Los mitos del Katrina

BBC Mundo – Katrina es un mito. No sólo por haber sido el desastre natural más costoso de la historia de EE.UU. No sólo por haber afectado a la también mítica ciudad de Nueva Orleans. Sino porque a su paso dejó una estela de desinformación y numerosas teorías sobre por qué pasó lo que pasó aquellos días en la cuna del jazz.  Primero habría que decir que el desastre de Katrina no fue tanto el efecto de la naturaleza, como el de fallas humanas.

En una ciudad rodeada por agua, ubicada bajo el nivel del mar, el sistema de diques y protección contra inundaciones -responsabilidad del Cuerpo de Ingenieros del Ejército- era obsoleto y mal mantenido, como determinó hace pocos meses una investigación oficial.

Luego hay que admitir que la respuesta de emergencia inmediata fue lenta y descoordinada, una particularidad que podría explicarse en el hecho de que la magnitud del desastre era imposible de prever.

Sin embargo, cuatro meses antes, un programa de televisión presentó el “hipotético” escenario de una Nueva Orleans completamente inundada. Una de esas producciones de catástrofes que se piensa nunca van a suceder.

Pero sucedió, y del 29 de agosto al 1 de septiembre de 2005 Nueva Orleans se desprendió del mundo.

Esa era la sensación que tuvimos los que estuvimos dentro de aquella ciudad abandonada por sus habitantes, las autoridades y, daba la impresión, hasta por los socorristas.

Con la ayuda en camino

La verdad, sin embargo, era que a pocos kilómetros se ponía en marcha una impresionante maquinaria de emergencia.

La autopista 10 que comunica con Baton Rouge, la capital de Luisiana, era una interminable fila de ambulancias, camiones de bomberos, remolques con lanchas y autobuses que se concentraban en el aeropuerto Louis Armstrong.

Pero esa febril actividad se detenía en el punto en el que a la autopista se la tragaba el lago en el que quedó convertida la ciudad.

Los sonidos de la operación no llegaban a quienes estábamos en el centro. La gente no nos creía a los periodistas cuando les decíamos que la ayuda estaba en camino.

El consuelo de la información para tratar de reducir la incertidumbre era lo único que podíamos darle a personas deshidratadas, desnutridas, algunas moribundas por falta de medicinas o atención médica.

La verdad es que entre los colegas nos preguntábamos por que les tomaba tanto tiempo a los socorristas llegar al centro.

Dentro de Nueva Orleans se daba el caso de que quienes debían asistir a los damnificados estaban en las mismas condiciones que aquellos a quienes debían socorrer.

La policía sin comunicaciones y eventualmente sin gasolina para las patrullas. Los paramédicos sin suministros. Todos sin comando.

Haciendo memoria me sorprende darme cuenta que fueron pocos días, pero intensos. Tanto que al tercer día del paso del huracán empezaba uno a compartir la certeza que tenían los damnificados de que estaríamos en ese limbo para siempre.

Fue titánico el trabajo de los equipos de guardacostas y militares que evacuaron a miles de personas de los techos, usando helicópteros o lanchas. O el de los grupos de rescate, algunos voluntarios, algunos venidos del extranjero. Era un trabajo contra reloj y sin pausa.

Pero la abnegación en el terreno quedó opacada por la descoordinación entre los gobiernos local, estatal y federal.

¿Y si hubiera sido Nueva York?

Mientras la Casa Blanca y algunos congresistas lucían desorientados, el alcalde de Nueva Orleans, con una irresponsabilidad producto del desborde de los eventos, daba cifras infladas e informaba de escenarios apocalípticos.

Para algunos el descuido era racista. Y como prueba mostraban los miles de ciudadanos negros que se ven en las tomas de la televisión abandonados a su suerte en los centros de refugio.

Es lógico tomando en cuenta que la ciudad es de mayoría afroamericana y que estos suelen ser los más pobres, producto de una discriminación centenaria y no de un asunto coyuntural. Pero entre los miles de damnificados había muchos blancos, e hispanos, y asiáticos. Todos sufrieron lo mismo.

Sin embargo, a muchos les sigue quedando una duda: ¿si esto hubiera sucedido en Nueva York, la reacción oficial habría sido igual?

Los mitos de Katrina forman parte del imaginario estadounidense. Con su dosis de desinformación, de explicaciones a medias, de respuestas insatisfactorias, de teorías de complot.

“Katrina va a estar con nosotros, hasta que venga otro” me dijo un habitante de Nueva Orleans, con buen humor o quizá con la disimulada resignación del que sabe que la naturaleza es caprichosa e incontrolable.

Fuente: BBC Mundo

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Roberto Mercado, Hijo - Periodista de www.EnVivoPR.com Trato de ser coleccionista de legos, pero no puedo. Me apasiona la tecnología y la política. Me puedes seguir en la cuenta oficial de EnVivoPR en Twitter: @EnVivoPR y la mía personal es @rmercadohijo

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