suministrada

Escrito por: Marién Camacho
Twitter: @Marientweet

Cuando era niña me sentaba a escuchar los análisis políticos de mis padres en el desayuno, especialmente los domingos. Mi familia, de clase media y padres ‘’Baby Boomers’’ setentosos, que en algún momento mientras encontraban su identidad perdida en el insularismo, usaron la bandera de nuestra nación y fueron confundidos por separatistas. Después de haber descubierto que nuestra Bandera era exclusiva para unos pocos, decidieron guardarla en el Corazón. Y en sus veinti-pocos se afiliaron al partido de centro pues la realidad, era el mejor lugar en conciencia y en convicción, para estar.

Los domingos en las tardes acostumbrábamos visitar a los abuelos. Mi abuelo materno era un viejo sabio que alimentaba sus destellos grises con las historias de los transeúntes y los bohemios (entre ellos políticos conocidos), que frecuentaban su barrita.

Allí entre Cervezas y licores nacionales e importados, se unían los rojos y los azules en ideas y reclamos. Algunas veces hacía su parada algún nacionalista y le daba un bravo fervor a la tarde. El abuelo tomaba la palabra después de un traguito de Brandy; y todos prestaban atención.

Mi abuelo era Muñocista y tenía cierto aire a Don Luis, por lo que escuchar sus argumentos era casi remontarse a los tiempos aquellos en los que en las plazas, en algunas casas y desde luego, en las esquinas de los pueblos eran el lugar predilecto para escuchar con fe y admiración las palabras de aquel buen puertorriqueño.

En la casa de la abuela, las mujeres observábamos a lo lejos las discusiones. Entre galletitas de mantequilla y el sabroso café del campo, grandes y pequeñas esperábamos pacientes que cayera la noche y así poder escuchar, finalmente, de qué se trataba cada tertulia desarrollada tan magistralmente en la barrita de mi abuelo.

Yo acostumbraba colarme entre las mayores, pues siempre me interesó escuchar, almacenar y esperar la madurez para hablar y ser escuchada .Ese era el orden de las cosas en ese tiempo y no sé si ahora también….

Siempre me preocupó cómo las mujeres que entraban a la política eran criticadas duramente, quizás hasta más que sus colegas del otro género. Algunas eran expulsadas de sus puestos, otras sufrían el descrédito de su labor con cierta crueldad, ocultas tras las burlas. Así que me mantuve al tanto y preocupada por el porvenir de mi amado terruño.

Para mediados de los noventa, algo alarmante se une a mi gran preocupación de mujer votante, responsable y consciente de mi responsabilidad ciudadana; nuestro país se había convertido en un lugar donde la palabra corrupción retumbaba en cada oído y donde muchos se empezaban a hacer ricos a costa de ello, y otros se enriquecían más.

La clase media seguía luchando por echar hacia adelante sus hijos, llevarlos a los centros docentes del país, batallar con las becas que muchas veces o eran para las familias menos ‘’aventajadas’’, o para las aventajadas que pagaban un buen contador. Cosas veredes Sancho!, en fin; hijos de la  misma Patria, sentados en los mismos pupitres en las aulas maltrechas de las mejores universidades del País… ricos y pobres, todos vestidos de Quicksilver.

En el 2000, bingo, la primera mujer elegida para ser gobernadora nos dio mucha esperanza, estoy segura que todas, en la fibra más honda de su nuestro ser sentimos regocijo, porque por primera vez ésta tierra tendría una madre que nos representara; porque siendo sinceras, ¿cuántas han sido las veces que entre penas y problemas, sólo es la madre la que puede resolver y aconsejar con sapiencia?.

Transcurridos los años, los insultos discriminatorios, las culpas al género por lo supuestos errores administrativos no se hicieron esperar. Pero en los últimos once años, sin muchas líderes en el Partido Popular y otras pocas en el Partido Nuevo, vemos cómo seguimos necesitando la  ‘’madre’’, la esposa, la amiga, la hermana que nos ayude a enderezar con aplomo una tierra como la nuestra, lastimada y abatida por el dolor.

No dudo de la voluntad de muchas colegas por entrar a las filas activas de cada partido y dedicar sus horas a la lucha por nuestro porvenir, tampoco dudo de la capacidad multi-tarea que poseemos las féminas para ser madres, esposas, hijas, hermanas, tías, nietas, profesionales, amas de casa, voluntarias sociales y por qué no, políticas. He visto la voluntad, he visto el trabajo desinteresado y apasionado de muchas por hacer algo, pero no he visto, o sigo esperando el momento, en que seamos aceptadas sin condiciones a trabajar con lágrimas o sin ellas, por un mejor Puerto Rico.

Los invito a reflexionar, a levantar su mano por esa mujer valiente que quiere hacer  lo mejor por tí y por mí. Los invito a incluir a ‘’Eva’’, a ‘’Lilith’’ y a ‘’María’’ en los movimientos de progreso, porque la recuperación es colectiva y el provenir es de todos y todas.

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