“¡Buenos días Puerto Rico!. Arrriiiiiba mi gente comienza la semana, ¡ánimo! Yo me levanté a las 3 a.m.” — dice el locutor. Es mi alarma, caemos en pie con el corazón en la boca, piensas darle al ‘’snooze’’ pero no vale la pena, 3 minutos más no son nada.

Y aquí estás, apenas te da tiempo de desayunar. Es ese momento en el que cada contribuyente se levanta a cumplir con todo: el estado, la familia, el trabajo, hasta lo divino (‘’el trabajo es bíblico’’).  Vas en tu vehículo camino a tu trabajo repansando lo trabajado la semana anterior y ver en tu agenda mental las ‘’misiones’’ de esta semana, de paso te das una escapadita al futuro pensando en las vacaciones (todos las tenemos merecidas).

Sintonizas a veces una estación a fin de enterarte qué hay de nuevo y comienza el bombardeo.  A veces sientes que juegan con tu futuro y no tienes elección, alguien más decide por ti; aún cuando vas a votar en elecciones cada cuatro años.

Por ejemplo, la semana pasada hablaron de declarar esta década, la “Década de la Educación”.  Yo quedé en completa confusión, pero con esperanza. Pensé: Contra, por fin van a ponerle papel higiénico a los baños de las escuelas públicas, jabón y quién sabe si hasta ¡un secador para las manos!. Ni hablar de arreglar las fotocopiadoras, proveerle cartuchos de tinta para impresoras, ¡PAPEL, PAPEL!. Imagino que los ´´Junkers´´ de computadora serán ahora como concesionarios de lo último en la tecnología. ¡Wow!, cada salón con su propio proyector e ¡Internet!. De repente pienso: ¿pero ven acá: la década empezó en el 2010?. Estamos en el 2012, ¿por qué ahora?. A veces quiero pecar de ingenua, pensar que me adelanto a los sucesos. Quizás ustedes también, como yo, a veces les ha pasado eso. Pensamos que nos toman el pelo para prometernos lo ideal; lo que nos merecemos, justo antes de noviembre.

El otro día daba una visita a una amiga en el hospital y mientras esperaba en el ‘’lobby’’ escuchaba a la gente quejándose, al parecer no reciben los servicios de salud como los necesitan, o no pueden encontrar los proveedores para atenderse. ¿Cómo es posible que no tengamos la capacidad de proveerle a cada ciudadano sus necesidades de salud, cuando estudios indican que cada ciudadano gasta alrededor de $3,000 dólares anuales en ello?. Gastamos el doble de lo que gastan algunos ciudadanos en otros países en donde el sistema de salud es eficiente y accesible a todos.

Supe que en España todos los ciudadanos que trabajan tienen su seguridad social y con ella, por su trabajo; ¡acceso a servicios de salud gratuitos!. Lo único que pagan es el tratamiento, bien dicho, las medicinas. Y el Ministerio de Salud dedica intensas horas de negociación con las multinacionales farmacéuticas y locales para ponerle un precio justo a los mismos. Suena perfecto, ¿no?. ¿Imagina que necesites un MRI y no tengas que dar co-pago?. Y luego todo en beneficio por lo mencionado en el inicio de este desahogo, por la alarma del lunes, por el tapón, por haber doblado el lomo trabajando.

Los que no somos expertos en el tema, creo que aspiramos a servicios de salud que nos garanticen que cuando salgamos de esas oficinas u hospitales, no moriremos recordando la factura, y lo más importante, tendremos medidas preventivas disponibles para no caer en el mismo patrón clínico.

Creo que muchos hemos coincidido que en lugar de tener que sanar debemos prevenir, claro, como primera opción. A fin de cuentas, ciudadano saludable, ciudadano que trabaja mejor.

Todo esto de la salud, la modernidad en las escuelas, la tecnología de punta (incluyendo la subcutánea), me hace irme en un paseo imaginario a mi infancia (no hace tanto, por cierto); ¿no les parece que éramos más felices entonces? Yo no sé, quizás me pasa como a todas las generaciones en cierto momento, añoramos lo pasado. El presente es como un chip infectado con un virus, eso pasa a veces, sólo a veces.

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