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Cuando escuche la noticia sobre la muerte de Julian, sentí un profundo dolor, al igual que muchas hermanas boricuas –madres como yo. Me era inevitable identificarme con Cynthia.  Mis sentimientos se encontraron entre la madre amorosa y la ciudadana trabajadora. Pensaba en Julian y me daba rabia, no por ella sino porque hemos ido perdiendo poco a poco el tiempo y la Paz para disfrutar de lo que más nos importa en nuestra vida: nuestros hijos. 

Siempre estamos buscando culpables, pues yo le hecho la culpa a tí, sociedad. A ti que te empeñas en obligar a la gente a ser mucha cosa; a demostrar mucho y sobre todo, tener mucho. No?.  Piénsalo, sociedad…

Cada vez hay que tener más, todos se empeñan en tener, porque el que no tiene resulta menos que el que sí. Y miras por encima del hombro. Entonces el que no tiene, termina marginado en lugares donde gente como él comparten lo común, lo que le enseñaste. Ganas de tener, hasta que el odio nubla la conciencia y la convierte en violencia.

También eres culpable de que Cynthia haya tenido prisa para llegar a su trabajo, porque te empeñas en sacarnos el jugo y exprimirnos el tiempo.

Traemos hijos al mundo y tus compromisos; sociedad, nos roban las horas de compartir con ellos. Todo para lo mismo. Tú entiendes lo que te digo, siempre entiendes lo que te decimos, pero buscas mecanismos de defensa para no aceptar la realidad de lo que te has convertido.

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Deja de exigir tanto, seguimos perdiendo inocentes y toda la raíz del asunto es la misma. Me voy por la tangente y no me arrepiento. Julian, Ste

fano y todos nuestros boricuas asesinados son prueba de lo que te digo.

Me resulta necesario escribirle a Stefano. Me imagino tu sonrisa al mirarte en el espejo de la guagua. No sé si era tuya o si te la prestaban  a menudo, pero sí sé que estabas orgulloso de lo guapo que te veías.  Lo bien que te quedaba todo, hasta esa guagua. Pero la codicia de alguien por tenerla, y la enfermedad de poseer, que se impone a diario, cegaron ese brillo de tus ojos. -Igual que pasa cuando alguien de poder en cualquier rama, termina encarcelado esa misma es la codicia-. Stefano, sigues siendo un angelito. Yo no te conocí, supe de tí por esa noticia, y porque tus amigos te hicieron un video en YouTube. Desde entonces no me borro tu imagen de inocencia, no te pareces en nada a mi hijo o a algun otro familiar, pero me dueles y nos dueles como si fueses uno. Te he llorado como tus amigos, porque cada vez que muere alguien como tú, mueren también los sueños de un Puerto Rico mejor.

 Mi país pierde ángeles inocentes, con más frecuencia de la que debería. Pero todos tenemos que empezar a ser más sencillos, es necesario. Nacimos sin nada, no es tan difícil…

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