Foto suministrada

Mientras recorría uno de los principales pueblos de la Isla; el de mi alma mater, me enfrentaba a una imagen sombría. Los edificios que albergaban comercios prósperos exhibían rótulos de venta o alquiler, otros, los que menos suerte tuvieron, tenían aspecto de haber presenciado una guerra. Bloques caídos y aquel último indicio del color que una vez engalanó sus ´´caras´´.

La calle seguía llena de gente, aún  bajo condiciones de necesidad aparente, el transito era fluido. En la Plaza dos extremos Iglesia y Estado, brillaban por luz propia. No así sus laterales… extrañé los jugadores de dominó y los abuelos que se sentaban a mirar los visitantes. La actividad se reduce a lo que pueda ocurrir en la semana en los predios de la alcaldía, y los fines de semana  ha de trasladarse a la iglesia. Cual juego de ping-pong, claro sin dejar de mencionar los pubs y la vida nocturna que siempre ha distinguido el lugar.

Recuerdo décadas atrás cómo era que las familias acudíamos a los centros de los pueblos para hacer nuestras compras, como en el periodo de regreso a clases. En la zona noroeste todas las familias acudían a la Calle de Diego en Arecibo. La entrada al Paseo nos invitaba con su música, y los comercios todos decorando sus estanterías para la ocasión. Las familias pasábamos el día allí, se consumía en restaurantes locales, se paseaba por la Plaza del Pueblo y el resultado de las ventas, era para el de aquí.  Ahora, no hay motivación para hacerlo. El pueblo se quedó solo.

¿Y qué sucedió con la vida en el corazón de los municipios?. Más allá de hablar sobre la actividad económica, quiero invitarlos a un paseo por cada una de esas plazas, de sus pueblos, o de las ciudades que eran destino de muchas familias puertorriqueñas en la década de los ´80 y ´70.  No dejo de pensar que muchas de las memorias de la infancia se desarrollaron allí, supongo que ustedes tendrán las suyas.

En el 2002 se aprobó en la isla una ley para la Revitalización de los centros urbanos, ley que pretendía devolverle al centro del pueblo la belleza que una vez tuvo. La Ley 212, recibió sinnúmero de enmiendas, pero básicamente proveía incentivos contributivos a los comerciantes, mientras se realizaban obras de construcción para mejorar la condición de los edificios y centros históricos. Su impacto fue impresionante en esos primeros años, hasta aproximadamente el año 2008 pues la economía ya estaba en deterioro y el sector de la construcción comenzó a tener sus batallas por sobrevivir.

En el 2009 con la Ley Especial Declarando Estado de Emergencia Fiscal y Estableciendo Plan Integral de Estabilización Fiscal para Salvar el Crédito de Puerto Rico, se estableció una moratoria en la otorgación de incentivos contributivos bajo la Ley 212. Aun así muchos municipios continuaron recibiendo solicitudes para el incentivo, muchos de los cuales fueron aprobados. Sin embargo, la última parte del proceso corresponde a una financiación por parte de la banca y es allí donde queda congelado el mismo.

Su resultado final traía consigo muchos aspectos positivos, pues detrás de cada proyecto se enriquecían las ventas de los materiales a utilizar  y se fomentaba el empleo. El sector de la construcción, que tanto lo ha reclamado, a fin de cuentas se veía beneficiado.  En definitiva, el municipio recibía sus debidos recaudos y luego, el producto final de la obra lo veríamos al pasar de los años reflejados en un incremento en las visitas a los centros de los pueblos.

Muchas de las personas tienen la esperanza de que pronto cuando la economía se haya recuperado, comience nuevamente aquel ´´boom´´ de 2002-2008 y logremos ver nuevamente nuestros pueblos brillando y mostrando su belleza legendaria.

Hace un tiempo José Mari Mutt hizo un recorrido por las 78 iglesias, de su experiencia puedo presentarles el lado que aún conserva belleza estética. El enlace para disfrutarlo es el siguiente: http://edicionesdigitales.info/PueblosPR/PueblosPR/Welcome.html

El hecho es, que dando un paseo por las Plazas de nuestros pueblos principales seguro que con objetividad podemos decir cuáles dan gusto seguir visitando. Yo tengo las mías, ¿y tú?.

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