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Los niños son la Navidad, es casi un milagro que esta fiesta exista hoy en día, que haya trascendido a través de los tiempos, las guerras, de los adelantos tecnológicos y las religiones.

Es la época más festiva ciertamente, pero en realidad su celebración es solo un día, 25 de diciembre. Que ¿quién dictaminó esa fecha?, no lo se, los romanos eran eclécticos, quizás la tomaron de alguna cultura que conquistaron que celebraba el culto al sol naciente para que luego Constantino lo adoptara cuando se volvió cristiano y nacía la Iglesia Católica. La realidad es que es un evento tan maravilloso que le aseguro, mi lector, usted y yo lo esperamos con ansias. Ansias que desde muy jóvenes están ahí y que hoy día  la celebramos de distinta forma, pero estoy segura de que usted conoce personas con más deseos de que llegue y esos son los niños, los cuales pueden ser sus hijos, vecinos, primos, sobrinos, ahijados y hasta desconocidos.

Que se emocionan al ver a Saint Claus, Papá Noel, Santa Claus o como quiera que le digan. En su inocencia, ellos creen en ese personaje, le dan vida, le piden regalos y en su mezcla de emociones entienden que es el nacimiento del niño Jesús, que hasta donde su imaginación se lo permite entremezclan estos dos conceptos separándolos uno del otro, pero dándole un valor que muchos de nosotros no entendemos, pero que nos contagia su alegría.

La realidad es que estas personas en desarrollo que llamamos niños, tienen una comprensión de las cosas mas complejas extraordinarias y le pueden dar la explicación mas simple a un adulto, para lograr exponer su planteamiento, explicar la natividad de Jesús y a la vez explicarle, amigo lector, como Santa Claus le puede traer los tan esperados obsequios. Son maravillosos los niños, tan maravillosos que el Verbo se hizo carne y nació de María la Virgen, según reza el Ángelus en la Iglesia Católica.

Es posible que usted no conozca este rezo, pero miles de personas han pronunciado estas palabras en algún momento de su vida para recordarnos que esa figura tan trascendental como lo fue Jesús también fue un niño. No obstante, le invito a reflexionar que seria la navidad sin niños.

Para empezar, no nos volviéramos locos buscando esa muñeca que quiere la nena, que ni se como se llama, o el PlayStation no se que número con el juego que no se, el equipo de esa actividad que yo desconocía, y ni hablar, no habría nacimientos vivientes; pues no tenemos niños, no nos daríamos la tarea de buscar donde tomar esa foto perfecta del recuerdo de alguna actividad. Como todos somos adultos no existiría Santa Claus y la Navidad sería ir a la Iglesia, ir a parrandear, o ambas.

El valor simbólico que le aportan los niños a la Navidad es eso que se llama inocencia que tan hermosa es, es capaz de regocijar al más austero ser humano y conmocionar al sentimental. El oírlos cantar, reír, gritar y alborotar el día de Navidad, el sentimiento que evoca su alegría no tiene ninguna comparación. Lo más complejo es como todas estas pequeñas personas se sincronizan ese día, creando multitud de expresiones contagiosas de alegría.

El milagro de la Navidad es tan importante en nuestras vidas, que en medio de las tristezas nos brinda un rayo de luz y de alegría. Que los problemas que nos opacan todo el año y las situaciones que nos agobian día a día pueden ser olvidados y subsanados en este mágico día, dándonos por un momento la reminiscencia de nuestra niñez el hecho de compartir con niños y el escuchar sus experiencias durante esta Nochebuena y esta mañana de Navidad.

Amigo lector, recomiendo que el día de Navidad en medio de sus tristezas, penas y conflictos, mire dentro de usted, reconozca el sentimiento infantil de la inocencia y celebre la Navidad como los niños que vea a su alrededor. Por que no hay dolor más profundo que la Navidad no pueda aliviar. Sea un niño esta Navidad!.

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